Praga, República Checa, 19 de noviembre de 2004
Presidido por el Profesor Mario Molina[9]
Durante todo el siglo XX, los halocarbonos, incluidos los clorofluorocarbonos (CFC) y el metilbromuro, se utilizaron en cantidades crecientes para muchos usos industriales, agrícolas y domésticos. En 1974, Mario Molina y Sherwood Rowland formularon la hipótesis de que las emisiones de CFC agotarían significativamente la capa de ozono estratosférico. La capa de ozono protege la tierra de la peligrosa radiación ultravioleta que produce el cáncer de piel, cataratas, supresión del sistema inmunitario humano y daños a los ecosistemas agrícolas y naturales. En 1985 los científicos notificaron que se había producido un agotamiento alarmante de la capa de ozono sobre la Antártida desde principios del decenio de 1980; ulteriormente los científicos notificaron que se estaba produciendo agotamiento del ozono en otras latitudes. En 1987, los gobiernos del mundo se ocuparon de este problema ambiental a nivel mundial firmando el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono. El Protocolo de Montreal ha resultado ser un modelo notable del modo de resolver problemas ambientales a nivel mundial, mediante el recurso al asesoramiento científico y técnico, las medidas de control con plazos definidos, la participación universal, y la asistencia a los países en desarrollo mediante un fondo multilateral.
El Protocolo está funcionando. Las emisiones de sustancias que agotan el ozono (SAO) se han reducido notablemente, y se encuentra en disminución el nivel global de SAO en la atmósfera. Esto constituye una clara manifestación de cooperación internacional contrarrestando los cambios antropógeneos de la composición química de la atmósfera de la Tierra.
Mario Molina, que con Shewood Rowland y Paul Crutzen recibió en 1995 el Premio Nobel de Química por iniciar la ciencia sobre el agotamiento del ozono, convocó el simposio sobre la ciencia en Praga en noviembre de 2004, en esta etapa crítica de la aplicación del Protocolo de Montreal. Los participantes en el simposio destacaron la importancia, tanto de los logros del Protocolo, como de la solidaridad internacional para completar la eliminación de las SAO. Destacaron además la importancia de preservar la integridad del proceso del Protocolo de Montreal, que es un ejemplo fructífero de cómo puede asegurarse el desarrollo sostenible para todas las naciones, ricas y pobres.
El Protocolo de Montreal está funcionando, pero no hay que descuidarse
Se espera que la capa del ozono se recupere en las próximas décadas, siempre y cuando se aplique íntegramente el Protocolo de Montreal. Sin embargo queda mucho por hacer para completar nuestros conocimientos científicos y aplicar el Protocolo. La capa de ozono sigue siendo vulnerable debido a la gran cantidad de SAO que permanecerá en la atmósfera todavía durante muchos años. Es preciso continuar realizando esfuerzos en materia de ciencia y de políticas hasta que se logre la plena protección de la capa de ozono. La aplicación del Protocolo requiere continuos esfuerzos para elaborar e implantar alternativas de todas las SAO actualmente utilizadas.
Ciencia relacionada con el agotamiento del ozono: logros y retos En las últimas décadas han aumentado notablemente nuestros conocimientos científicos sobre la capa de ozono y se ha proporcionado orientación esencial a las Partes en el Protocolo de Montreal. Las investigaciones científicas han conducido a: el descubrimiento del agujero en la capa de ozono sobre la Antártida y de agotamientos del ozono en otras latitudes, la elaboración y validación de la teoría del agotamiento del ozono, la implantación de redes de vigilancia del ozono y de las SAO, y la estimación de los beneficios de la eliminación de las SAO de acuerdo con el Protocolo de Montreal.
La alerta temprana y las evaluaciones periódicas de los científicos de la información pertinente para las políticas permitieron a las naciones y a múltiples interesados directos llegar a un consenso sobre las medidas destinadas a proteger la capa de ozono. Las conclusiones científicas sirvieron de orientación a los gobiernos para diseñar controles de las SAO e incentivos para las alternativas; orientaron a la industria para concebir alternativas con mayor eficacia energética, mayor viabilidad, y menos gastos de fabricación; y proporcionaron la información necesaria para transformar los mercados a un ritmo que protegía las inversiones ya realizadas.
Ahora bien, desde el comienzo del agotamiento del ozono en el decenio de 1980, las actividades humanas han continuado alterando la composición atmosférica a causa de las emisiones de diversas especies químicas además de las que contienen cloro y bromo. Estas otras especies han modificado condiciones importantes que directa o indirectamente influyen en el transporte y pérdida del ozono estratosférico. Por ejemplo, ha aumentado el vapor de agua y han disminuido las temperaturas en la capa de ozono. Es importante poder predecir las abundancias futuras de ozono en nuestra atmósfera químicamente cambiante.
Además, se prevé un cambio climático a causa de la continua acumulación de gases de efecto de invernadero en la atmósfera. Dado que el ozono, las SAO, los HFC y algunos otros sustitutos son gases de efecto invernadero que contribuyen al balance radiativo de la atmósfera terrestre, la reducción y eliminación de las SAO influye en el cambio climático. A su vez, el agotamiento del ozono depende del cambio climático debido a los cambios de la composición atmosférica y de la meteorología. Como consecuencia de la compleja relación entre el agotamiento del ozono y el cambio climático existe una necesidad palpable de que los científicos continúen elaborando modelos atmosféricos para predecir con mayor exactitud cómo la capa de ozono cambiará en el futuro.
La protección de los rayos ultravioletas que proporciona la capa de ozono limita los daños al fitoplancton que es un sumidero de carbono en los océanos. Ya que la incidencia del cáncer de piel debido a la radiación ultravioleta aumenta a mayores temperaturas, el cambio climático aumentará la incidencia del cáncer de piel, agravando los efectos de agotamiento del ozono. La vigilancia y la evaluación de la atmósfera mundial por un numeroso grupo internacional de científicos utilizando instrumentos espaciales y basados en tierra ha orientado con éxito al Protocolo de Montreal y será esencial en los próximos decenios a medida que se recupera la capa de ozono.
Es de capital importancia mantener y seguir fortaleciendo la base científica del Protocolo, en particular, en los países en desarrollo, acumulando experiencia y creando instituciones para solventar de una manera sostenible el agotamiento de la capa de ozono y otros cambios ambientales adversos. Este fortalecimiento requiere la financiación de actividades científicas por los gobiernos nacionales, las organizaciones privadas y los organismos multilaterales tales como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Aplicación del Protocolo: Adelantos y oportunidades A medida que la eliminación de la SAO llega a su etapa final, algunos usuarios pueden intentar justificar, so pretexto de repercusiones insignificantes, utilizaciones continuas que podrían concederse con arreglo a las disposiciones del Protocolo. Los participantes en el simposio recomendaron suma precaución porque el efecto acumulativo de la continuación de muchas utilizaciones y emisiones de poca envergadura puede añadir una cantidad significativa de cloro y bromo que agotan la capa de ozono a la atmósfera. Además, las Partes en el Protocolo tienen que determinar, con orientación de los científicos, si las emisiones actuales exentas de control con arreglo al Protocolo de Montreal, tales como materias primas, agentes de proceso, usos esenciales, usos críticos, usos de laboratorio y analíticos y otros usos inadvertidos son ambientalmente aceptables y prudentes con arreglo al principio de precaución. Si queremos lograr la recuperación de la capa de ozono en los próximos decenios, sigue existiendo una fuerte justificación científica para eliminar la producción y consumo de SAO programada actualmente en el Protocolo. Puede fortalecerse más la protección de la capa de ozono eliminado emisiones a un ritmo acelerado. Esta aceleración puede lograrse acopiando y destruyendo CFC y halones contenidos en equipo y productos con espumas, reduciendo la utilización de exenciones para aplicaciones de cuarentena y previas al envío, y acelerando la eliminación de los HCFC en todos los países. En esta aceleración pueden considerarse las repercusiones de la acumulación de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, puede permitirse el HCFC-123 en aplicaciones específicas de aire acondicionado cuando su utilización promueva una mayor eficacia energética y garantice emisiones de refrigerantes prácticamente nulas.
Actualmente, la capa de ozono es más vulnerable debido a la elevada abundancia de cloro y bromo. Un éxito sobresaliente del Protocolo de Montreal ha sido la inmediata reducción de las abundancias atmosféricas de los gases de períodos de vida cortos, metilcloroformo y metilbromuro. El metilcloroformo se eliminó con éxito en 1996 en los países desarrollados. La actual utilización del metilbromuro, que es una SAO que agota mucho ozono, activa con carácter inmediato. Por lo tanto, el agotamiento del ozono debido al metilbromuro debería finalizar casi con la misma rapidez con que finalice su uso. De hecho, estudios recientes indican que aproximadamente el 20% de la disminución observada en abundancia de cloro equivalente puede atribuirse a la disminución de las emisiones del metilbromuro. Ahora bien, existe el riesgo de que las ganancias logradas hasta ahora en la reducción del metilbromuro puedan quedar anuladas por aumentos en las emisiones procedentes de usos exentos, incluidos los usos para aplicaciones de cuarentena y previas al envío y los usos críticos.
Para fines de 2004 los países desarrollados habrán eliminado, con excepción de las categorías exentas tales como usos para aplicaciones de cuarentena y previas al envío y exenciones para usos críticos, los CFC, halones, metilbromuro, tetlacloruro de carbono, metilcloroformo y el 35% de consumo de HCFC. Además, los países en desarrollo han realizado adelantos significativos en sus eliminaciones. El consumo restante de SAO a nivel mundial en los países en desarrollo, aunque constituye una pequeña fracción de sus respectivos niveles básicos, es más difícil de eliminar debido a los usos en el sector de los servicios y por miles de microempresas. Es necesario un apoyo continuo del Fondo Multilateral para lograr una eliminación total en los países en desarrollo.
Si bien existen indicios de que con gran probabilidad casi el total de las SAO estarán eliminadas para 2015 en todas las Partes, el agujero de la capa de ozono será un fenómeno durante la primavera de la Antártica que perdurará por muchos años venideros. La recuperación de la capa de ozono sólo puede lograrse una vez que las SAO antropógenas no sean significativas en la atmósfera.
Declaración final El éxito del Protocolo de Montreal haciende del logro inmediato de proteger la capa de ozono estratosférico. La respuesta científica, política, industrial y pública que supone el Protocolo de Montreal es un logro de toda la humanidad, en la evitación de un desastre mundial. El Protocolo es también un precedente muy importante para resolver problemas ambientales a nivel mundial y sostener la vida sobre la tierra. Es ineludible conservar la integridad del Protocolo con controles estrictos, financiación, y cumplimiento permanentes hasta que se logren sus objetivos.
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[9] Se reunió un grupo de científicos de Australia, Egipto, Estados Unidos de América, México, Países Bajos, Reino Unido, República Checa y Togo para examinar los retos y perspectivas en relación con la protección de la capa de ozono estratosférico. Presidió el simposio el Profesor Mario J. Molina, galardonado con el Premio Nobel de Química de 1995. Entre los ponentes y conferenciantes figuraban Ayite-Lo Nohende Ajavon (Togo), Stephen O. Andersen (Estados Unidos,), Jonathan Banks (Australia), Martyn Chipperfield (Reino Unido), Omar El Arini (Egipto), David W. Fahey (Estados Unidos), Paul J. Fraser (Australia), Mario Molina (México y Estados Unidos), Stephen A.Montzka (Estados Unidos), y Jan van der Leun (Países Bajos). Formaron parte del grupo del simposium Libor Ambrozek, Ministro de Medio Ambiente de la República Checa, y se coordinó con la ayuda de Jiří Hlaväček, Ministerio de Medio ambiente de la República Checa. El Sr. Shafqat Kakakhel, Director Ejecutivo Adjunto del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente formuló las observaciones de introducción, así como distinguidos miembros de la delegación de la República Checa: Tomas Hušk, Director General del Ministerio de Relaciones Exteriores, Tomáš Novoty, Ministro Adjunto de Medio Ambiente, y Aleš Sulc, Jefe del despacho del Primer Ministro. México estuvo representado por el Embajador Federico Salas y por Ives Gómez, Agustín Sánchez y Sergio Sánchez de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales.